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Densímetro óseo ultrasónico: ¿Cuáles son las causas de la baja densidad ósea?
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Revisiones periódicas: Se recomienda someterse a pruebas de densidad ósea a partir de los 40 años para detectar e intervenir precozmente.
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La baja densidad ósea (es decir, la reducción de la masa ósea o la osteoporosis) es una manifestación importante de los problemas de salud ósea, que pueden deberse a diversos factores e implicar múltiples aspectos como la fisiología, la nutrición, el estilo de vida, las enfermedades y los medicamentos. A continuación se ofrece una clasificación detallada de las causas más comunes:
I. Factores fisiológicos
A partir de los 35 años, la masa ósea empieza a disminuir gradualmente. Tras la menopausia, el nivel de estrógenos en la mujer desciende bruscamente, la resorción ósea se acelera y la disminución de la densidad ósea se hace más evidente.
Las personas mayores son propensas a la osteoporosis debido a la ralentización del metabolismo óseo y a la reducción de la actividad de los osteoblastos.
La densidad ósea de las mujeres, especialmente las posmenopáusicas, es inferior a la de los hombres porque el efecto protector de los estrógenos sobre los huesos se debilita.
Las personas con antecedentes familiares de osteoporosis o fracturas tienen un riesgo significativamente mayor de desarrollar la enfermedad.
Algunas variaciones genéticas (como el gen del receptor de la vitamina D y el gen del colágeno) pueden afectar al metabolismo óseo.
Ii. Factores nutricionales
La ingesta de calcio es insuficiente. El calcio es el principal componente de los huesos. Una carencia prolongada de calcio en la dieta (como en el caso de los vegetarianos y las personas con intolerancia a la lactosa) puede provocar una reducción de la masa ósea.
Carencia de vitamina D: La vitamina D favorece la absorción del calcio. Cuando existe una carencia (como la exposición insuficiente a la luz solar, la piel oscura o las personas mayores), puede provocar indirectamente una disminución de la densidad ósea.
Insuficiencia de nutrientes como proteínas, magnesio y zinc: las proteínas son un componente de la matriz ósea, y el magnesio y el zinc intervienen en la actividad de las enzimas metabólicas óseas. Una deficiencia de ambos puede afectar a la salud ósea.
Las dietas excesivas o la desnutrición, las dietas hipocalóricas de larga duración, la anorexia o los trastornos digestivos y de absorción (como la celiaquía) pueden provocar carencias de nutrientes.
Iii. Factores relacionados con el estilo de vida
La falta de ejercicio, la sedestación prolongada o el reposo en cama prolongado pueden reducir la estimulación del estrés óseo, lo que provoca una resorción ósea superior a la formación de hueso.
Fumar y beber en exceso: Fumar inhibe la actividad de los osteoblastos y acelera la pérdida ósea. El alcohol interfiere en la absorción del calcio y afecta al metabolismo de la vitamina D.
El exceso de cafeína y de bebidas carbonatadas puede aumentar la excreción de calcio en la orina. Los fosfatos de las bebidas carbonatadas pueden interferir en la absorción del calcio (en función de otros factores).
El consumo excesivo de sodio en una dieta rica en sal puede aumentar la excreción de calcio en la orina, lo que puede afectar a la densidad ósea a largo plazo.
Iv. Factores de enfermedad
Hipertiroidismo, un trastorno endocrino: El exceso de hormonas tiroideas acelera el recambio óseo, lo que conduce a la pérdida de hueso.
Hiperparatiroidismo: El exceso de hormona paratiroidea estimula directamente la actividad de los osteoclastos.
Diabetes: Un nivel elevado de azúcar en sangre a largo plazo puede afectar al metabolismo óseo y aumentar el riesgo de fracturas.
Hipogonadismo: como la insuficiencia ovárica de aparición precoz y el síndrome de hipotestosterona.
Enfermedades del aparato digestivo: como la enfermedad inflamatoria intestinal (como la enfermedad de Crohn), la celiaquía y la posgastrectomía pueden afectar a la absorción de nutrientes.
Las enfermedades renales crónicas provocan trastornos en la hidroxilación de la vitamina D y en el metabolismo del calcio y el fósforo.
Las enfermedades inmunitarias reumáticas, como la artritis reumatoide y el lupus eritematoso sistémico, requieren el uso prolongado de glucocorticoides que inhiben directamente la formación de hueso.
Las enfermedades del sistema sanguíneo, como el mieloma múltiple y la leucemia, dañan el tejido óseo y provocan una disminución de la densidad ósea.
V. Factores farmacológicos
El uso prolongado de glucocorticoides (como en el tratamiento del asma y las enfermedades autoinmunes) es la causa más frecuente de osteoporosis secundaria.
Los fármacos antiepilépticos como la fenitoína sódica y la carbamazepina pueden acelerar el metabolismo de la vitamina D y reducir el calcio sanguíneo.
El anticoagulante heparina (especialmente cuando se utiliza durante mucho tiempo) puede inhibir la formación de hueso.
Los inhibidores de la bomba de protones inhiben la secreción de ácido gástrico durante mucho tiempo y afectan a la absorción de calcio.
Algunos fármacos de quimioterapia (como el metotrexato) pueden interferir en el metabolismo óseo.
Vi. Otros factores
Las personas con un índice de masa corporal (IMC) inferior a 18,5 que tienen un peso inferior al normal suelen tener una menor densidad ósea debido a una carga ósea reducida.
Durante los embarazos múltiples y la lactancia, aumenta el desarrollo del feto y la demanda de calcio durante la lactancia. Si no se suplementa a tiempo, puede afectar a la densidad ósea de la madre.
La inmovilización prolongada, como el reposo en cama prolongado tras una fractura, provoca una reabsorción ósea acelerada.
¿Cómo mejorar la densidad ósea?
Dieta: Asegurar la ingesta de calcio (1000-1200mg al día) y vitamina D (800-1000IU al día), y consumir más productos lácteos, verduras de color verde oscuro y pescado.
Hacer ejercicio: Los ejercicios en los que se soporta peso (como caminar, correr y el entrenamiento de fuerza) pueden estimular la formación de hueso.
Tomar el sol: de 15 a 30 minutos de exposición diaria a la luz solar favorece la síntesis de vitamina D.
Evite los factores de riesgo: Dejar de fumar, limitar el consumo de alcohol y reducir la ingesta de cafeína y sal.
Revisiones periódicas: Se recomienda someterse a pruebas de densidad ósea a partir de los 40 años para detectar e intervenir precozmente.
Si existen factores relacionados con la enfermedad o los fármacos, el plan de tratamiento debe ajustarse bajo la supervisión de un médico, y los cambios en la densidad ósea deben vigilarse de cerca.